Un ensayo de dos empleados de OpenAI explora cómo la inteligencia artificial podría cambiar la estructura de las empresas y expone tres posibles funciones para la IA: apoyar a los trabajadores desde abajo, incorporarse a los equipos como colega o coordinar el trabajo entre gerentes y empleados.
Los autores describen estas posibilidades como vías potenciales para una «empresa híbrida» durante una transición gradual, en lugar de un cambio hacia la automatización total. Señalan que ya están surgiendo aspectos de las tres, pero que es improbable que ninguna se desarrolle exactamente como se presenta.
En el primer escenario, los empleados actuales conservan sus puestos mientras los agentes de IA se ocupan de tareas rutinarias por debajo de ellos. Los trabajadores supervisarían agentes cada vez más capaces y podrían asumir responsabilidades más amplias en coordinación, comunicación y trabajo creativo. Los autores sostienen que este enfoque podría transformar los empleos sin necesariamente eliminarlos, siempre que los trabajadores sigan aportando valor y las empresas encuentren demanda para una mayor producción.
También destacan un reto para los empleados que están al comienzo de su carrera: si la IA se hace cargo de las tareas iniciales, podrían reducirse las formas tradicionales de aprendizaje mediante el trabajo rutinario y los aprendizajes profesionales. A juicio de los autores, los trabajadores júnior podrían tener, en cambio, más margen para desarrollar criterio, habilidades de gestión e ideas creativas, aunque la pérdida de esas vías de aprendizaje consolidadas sigue siendo un costo.
En el segundo escenario, la IA trabaja junto a las personas como colega y depende de gerentes humanos. El ensayo imagina un equipo de marketing de IA que se ocupa de una campaña de producto, coordina sus propios agentes y trabaja con equipos humanos de ventas y diseño. Para que este modelo tenga éxito, la IA tendría que gestionar una amplia variedad de responsabilidades, no solo tareas individuales.
Los autores sostienen que a las empresas quizá les resulte más fácil adoptar sistemas de IA más capaces y que abarquen el proceso de principio a fin que herramientas más limitadas. Una herramienta limitada puede exigir que los empleados aprendan nuevos procesos y reorganizen su trabajo, mientras que un sistema capaz de asumir una función completa podría ser más fácil de delegar por parte de un ejecutivo. También señalan que distribuir la IA entre muchos trabajadores individuales podría generar traspasos adicionales y ralentizar su adopción.
La tercera posibilidad sitúa la IA entre los líderes humanos y los empleados, con una función de coordinación y supervisión. En el ejemplo del ensayo, una consultora de IA detecta una discrepancia entre lo que ventas ha prometido y lo que ingeniería está desarrollando, recomienda cambios en el plan de lanzamiento e identifica la contribución de un empleado que no había sido reconocida. Un ejecutivo humano toma las decisiones finales y reconoce el esfuerzo del trabajador.
El ensayo cuestiona la suposición de que la IA automatizará primero el trabajo cognitivo de nivel inferior y dejará intacta la gestión. Señala que las responsabilidades gerenciales suelen implicar leer, asistir a reuniones, tomar decisiones y mantener el contexto: actividades que se llevan a cabo, en gran medida, en computadoras o en la mente de las personas. El texto proporcionado termina mientras aborda este escenario, por lo que no expone el análisis completo de los autores sobre el posible impacto de la IA en la gestión.
Fuentes: OpenAI News.